
Después de un buen rato de estar en la Tarima de la Juventud velando porque esos diablos no se mataran, se lanzaran de los camiones o se sacaran los ojos los unos a los otros, me metí un rato en el camerino de las bandas a descansar, llevaba varias horas ya pegando carreras, levantando cercas y viendo espectáculos medio bizarros, por lo que el descanso era necesario, la vaina no se acababa, todavía quedaba cuidar la tarima donde tocaría Paul, algo mas sencillo, pero igualmente cansón.





























































