
Para nadie es un secreto el incremento de la violencia en las calles de Venezuela, cada día mueren decenas de personas en manos de un hampa incontrolable que se cuadra con los policías para llevar a cabo sus fechorías, dejando a los ciudadanos a la buena de Dios, en manos de la suerte, que en la mayoría de los casos es muy buena para los maleantes y malísima para aquel que termina desangrado en algún oscuro callejón citadino.









