Cuento: La rociadora y la policia que no era tal


¿Limpiar el cuchillo?, ¿si o no?, alli está el detalle…

Hasta hace unos pocos minutos el cuchillo era un instrumento mas, en mi mente sabia que era un dador de lecciones, pero a la mirada de los demás no pasaba de ser un objeto peligroso, útil, pero de cuidar, en verdad no se cual es el miedo que le tienen las personas a los cuchillos, no hay nada que temer, bien usados pueden impartir castigo, justificar acciones, convertir lo humano en solo despojos, benditos sean estos afilados trozos de metal.

Elegí a esta chica por nada en especial, creo que lo que me llevó a hacerlo es que iba en la dirección que yo deseaba, se dirigía hacia la oscuridad final, ella no lo sabia, pero dejaría de respirar en muy poco tiempo, estoy casi seguro que ni siquiera notaria lo que le ocurriría. Siento un salto de emoción cuando la veo cruzar hacia el callejón, las manos me sudan, la respiración se entrecorta, pareciera que el acercamiento a la muerte tiene en mi el mismo efecto que correr dos kilómetros sin parar, debo controlarme, no puedo parecer un perro jadeante cuando el hierro atraviese la carne, hasta el asesinar requiere de cierta elegancia.

Empiezo a caminar prisa acercándome a unos metros de la muchacha, esta va conversando por su teléfono móvil, no se percata en ningún momento que voy detrás de ella, acelero un poco la marcha para darle alcance, cuando de repente se voltea de forma inesperada, y empuñando lo que parece un tubo de metal rocía mi rostro con un liquido anaranjado, mis lentes quedan empañados y un ardor desesperante empieza a recorrer los espacios por donde cayó el liquido, la sensación es terrible, mis ojos a pesar de los anteojos se ven afectados, me lanzo a un lado del callejón entre dos carros a tratar de pasar aquella desagradable sensación, a lo lejos se nota aun la silueta de la muchacha que se aleja corriendo, soy un imbécil, de eso no queda duda alguna.

Volviendo en mi después de varios minutos de ardores, ganas de vomitar y escupir como un desesperado me incorporo, si mis cálculos son correctos dentro de poco debe llegar algún tipo de “autoridad” a este sitio, no creo que la perra rociadora se vaya a quedar de brazos cruzados, de seguro ella creía que yo era un ladronzuelo que quería su cadena de oro, que equivocada si piensa eso, no tengo necesidad de robar, lo único que quería era un poco de sangre. Mis pensamientos se suspenden cuando veo venir en la misma dirección hacia donde escapó la “paralizer bitch” a una mujer de uniforme que se acerca, me muevo con rapidez colocándome detrás de un vehículo, por alguna extraña razón esta “policía” viene sola, eso no es normal, pensé, mejor demos tiempo a que aparezca su compañero, no quiero equivocarme de nuevo.

Pasan los segundos y la pana del uniforme sigue sola, por mi mente pasa rápidamente un rayo, !mátala¡, acaba con ella, cobra con sangre, pero hazlo ya. Lentamente la mujer va acercadose, saco el cuchillo con la misma parsimonia que ella se mueve, solo espero que pase por un lado del carro que me protege, estoy acurrucado pero pendiente, cualquier error y aquella sapa me descarga su arma, me gusta eso, soy yo o ella, excelente. La luz de la linterna de la mujer se acerca a mi, pero no me ve, su mirada da hacia la pared que esta detrás de mi, escondo el cuchillo entre mi pecho y brazos para que ningún reflejo me delate, con la respiración acelerada y expresión tensa la mujer pasa por una lado de donde estoy escondido, el tiempo se para, solo hay silencio, es hora del show.

Salto desde un lado del vehículo y tomo a la mujer desde atrás, mi brazo pasa por su cuello y con la otra mano le tapo la boca, el cuchillo está en la mano que ayuda a presionar su cabeza hacia atrás, lo que iba a ser un grito de miedo, se convierte en un débil soplido, los ojos de la conmocionada mujer parecen salirse de sus órbitas mientras mas aprieto, su cuerpo ofrece resistencia, hay movimientos violentos, un dulce aroma a perfume barato llega a mi, el aroma de la mujer de hoy pienso sonriendo.

Doblando la mano hacia la cara de la mujer mientras doy mas presión sobre su cuello, empiezo a dibujar una parábola en su piel, el trazo comienza en la clavícula pues siento lo duro del hueso, de allí se va moviendo  un poco forzado hacia el cuello, lo grueso del tejido del uniforme no me da libertad, pero no importa, si pulso mas hacia la carne la tela cede, en fin no creo que esa camisa vaya a ser usada por nadie mas. Mientras esto ocurre el cuerpo de la desgraciada empieza a ofrecer mas resistencia, las piernas dibujan tijeretas casi en el aire, aplico mas presión, pero no la necesaria pues debo ser cuidadoso en el corte, en mi mano empiezo a sentir un fluido caliente, !que rico¡, la sangre empieza su danza loca, mientras clavo el cuchillo en la parte central del cuello debo disminuir la presión, ya que se me fue muy profundo, creo que toqué el hueso, me dejé llevar por la emoción, la idea era degollar, no decapitar.

Ya a estas alturas, no hay ningún tipo de resistencia, por lo que la emoción se esfuma, deben haber pasado por lo menos dos minutos desde que comencé mi labor sanadora, el espectáculo es de primera, la herida en el cuello de la mujer parece una gran sonrisa que nunca desaparecerá, aunque se nota claramente que hubo algún problemilla en su esófago pues la herida allí es un poco deforme, de bordes irregulares, malo por eso, pero es que la perra se movía mucho. Suelto el cadáver con delicadeza al oír crujir hueso, estaba prácticamente sosteniendo todo el peso del cuerpo con mi brazo el cual quedó adolorido por tanta presión, la uniformada cae boca abajo sobre un gran charco de su propia sangre, creo que el trabajo aquí ya esta listo, me siento animado ya que nunca le había pasado factura a un policia, bien por mi.

Antes de irme le echo un vistazo al callejón, ademas de aquella mujer teñida de rojo nada mas parece extraño en aquel lugar, a lo lejos viene un vehículo que cruza justo antes de llegar al pasaje, las luces del carro me muestran algo que no había visto, la tipa no era policía, era una vigilante privada, su uniforme no era azul oscuro como yo creía, la oscuridad me jugó una mala pasada, vestía un pantalón gris oscuro y una camisa azul celeste, por eso es que nunca hubo un compañero, estas bajando de categoría pensé, bah no importa, no me fui liso esta noche, el cuchillo habló de nuevo, el asunto ahora es, ¿Lo limpio o no?…

Freddy “Slave” Armas

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